Ser maestro, se parece en mucho a ser albañil, que piedra a piedra construye catedrales, son muy pocos los instrumentos que usa, y a un extraño, le parecerán fáciles de manejar... ¡Que lo intente!... Verá que tiene su chiste, y que la aparente sencillez esconde muchos años de aprendizaje y práctica. Y luego, al final de la jornada se recibe la paga, si el trabajo está bien hecho y si no, vienen los reclamos, no importa que al albañil se le hayan entregado piedras amorfas, duras, sin hilo, ni escogidas y malos materiales. A la larga, por desgracia o por fortuna, el amor al oficio gana y vuelve a él, con renovados bríos, a seguir construyendo enormes catedrales, o pequeñas capillitas...
A solo unas horas para cumplir nuestro sueño, suerte a todas!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario